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martes, 23 de abril de 2013

El sexo y la espiritualidad

En la magia sexual, la exitación sexual se utiliza como un recurso para generar poder. Naturalmente, la prolongación de este estado hace que la energía generada sea más fuerte, siempre que pueda mantenerse el centro. Por supuesto, el envío de la energía hacia el objetivo debe coincidir con el momento del orgasmo. Existen dos métodos principales para hacer que funcione la magia sexual. Sólo uno requiere que usted esté con una pareja; el otro puede hacerse con una pareja o solo. Estos métodos son considerar recíprocamente a la pareja como una deidad encarnada;
centrarse en un símbolo acordado que haya sido cargado con intención mágica.

Durante nuestros ritos sagrados, se supone que la gente implicada en ellos contiene algún aspecto de lo divino encarnado. Todas las mujeres son Diosas y todos los hombres son Dioses, aspectos de la fuerza vital creativa que, una vez unidos, despiertan a la existencia a todas las cosas. En esencia, trabajar la magia sexual con la idea de que la persona con quien usted está es un Dios o una Diosa genera una situación de Gran Rito en el que usted recrea el momento en que comenzó toda creación. La intención mágica centrada es muy poderosa en ese momento, razón por la cual hay que ser cuidadoso al moldearla y enviarla.

Mantenerse centrado puede resultar difícil cuando las pasiones se desbordan, un problema que se acentúa porque nos han condicionado a pensar que lo espiritual y lo sexual no pueden coexistir, por lo que todos los pensamientos lujuriosos que invadan la mente deben contrarrestar lógicamente los aspectos más elevados del hechizo. ¡Estas no son más que estupideces! Los mutuos deseos lujuriosos del Dios y la Diosa están bien documentados en los mitos y en los rituales de todas la culturas. La lujuria debería ser una parte sana de toda relación amorosa y sería triste para cualquier pareja que no fuera así. La pasión no negará a un buen hechizo; en realidad, si es cultivada cuidadosamente, su energía puede contribuir mucho. La parte difícil es aprender a controlar el centro de la energía.


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